Posiblemente has escuchado que “El cielo es el límite”. Películas, libros, e incluso, canciones promueven esta expresión y, la verdad, nunca falta aquel amigo, familiar o ser querido que se apropia de ella para expresarla en diversas situaciones, incluyendo los estados de sus redes sociales o en el WhatsApp.
Pero… ¿podemos alcanzar el cielo? La respuesta a esa pregunta, literalmente la conocemos muy bien ¡no hace falta aclararlo! Aunque les confieso que en mi infancia, más de una vez me pasó por la cabeza querer “llegar hasta la luna” o “tocar las estrellas” y esto seguro que a ti también te sucedió ¿cierto?, pero no es más que un proceso natural de la etapa: la fantasía.
Y es que, en este preciso momento, recuerdo que de niño cuando le preguntaba a mi padre o a mi madre ¿tú me quieres? y ante la afirmación de alguno de ellos, le devolvía con otra pregunta “¿de aquí a dónde?”. Su respuesta, no se hacía esperar: ¡Al cielo!
Traigo este ejemplo a colación porque considero que así como el amor puede ser infinito, nuestras capacidades intrapsíquicas (aquellas que se originan dentro de nuestro campo mental), también lo son.
¡Pero esto no sucede por arte de magia! Al estudiar el desarrollo del ser humano nos damos cuenta que es nuestra naturaleza crecer (físicamente), pero para ello necesitamos alimentarnos y así poder estar sanos y fuertes. Entonces ¿qué sucede con nuestro “crecimiento psicológico”?
La realidad es que el generador de nuestros pensamientos, es decir, el cerebro, necesita de una alimentación balanceada para un funcionamiento óptimo. Estudios realizados por un equipo de la Universidad de Zurich, indican que el cerebro en recién nacidos (en los que éste aún está en desarrollo), consume un 60% de energías y en adultos, consume una quinta parte de la energía que se produce diariamente. Esto es bien importante, porque una alimentación balanceada garantiza que el “motor” generador de nuestros pensamientos esté saludable para el desarrollo de diferentes procesos cognitivos a su máximo potencial.
La realidad es que el deterioro cognitivo – pérdida de funciones cognitivas – es un determinante para ese “no alcanzar el cielo” y, aún más, cuando hablamos de la memoria, la atención y la velocidad de procesamiento de la información, este fenómeno patológico no sólo se debe a una inadecuada alimentación.
¿Qué es alcanzar el cielo? Partiendo desde la idea de que “el cielo es mi límite”, se asume que nuestras capacidades no tienen límites. Jamás ha existido un estudio empírico que indique que tu capacidad para almacenar información es limitada. Se habla de un aproximado de 2.5 petabytes; sin embargo, no existe un método fiable para medir matemáticamente la memoria. ¡El quedarnos sin almacenamiento no puede ser una preocupación! Lo mismo sucede con los estados de ánimos.
¿Te imaginas que algún estudio concluyera que sólo tenemos 100 intentos en nuestra vida para ser felices? ¿cinco intentos para estar tristes? ¡Es que es algo imposible!
El ser humano necesita descubrir y desarrollar aquellas capacidades innatas. Para ello, los psicólogos siempre recomendamos estimular al niño a realizar actividades extracurriculares, deportes, artes… ¿por qué? porque son escenarios en donde se activa la atención, la memoria, el análisis, la síntesis, la creatividad, automotivación, perseverancia y un sinfín de procesos psicológicos que garantizarán ese “Alcanzar el cielo”.
Si promueves en tu hijo o tu hija, tu sobrino o sobrina realizar actividades diferentes, entonces ¿por qué no intentarlo tú?. Nuestro cerebro necesita salir de lo rutinario para que no envejezca más rápido. Necesita sentir nuevos sabores, conocer otros caminos para llegar al mismo destino, explorar lo desconocido. ¡Necesita evitar ese deterioro cognitivo! ¡Necesita mantenerse joven!
Ahora ves que no sólo depende de la alimentación. Nuestro sistema nervioso es el generador de pensamientos, emociones y es quien conduce nuestra conducta. Es así como en este transitar por la vida, conviene alimentar la mente de emociones positivas, de sensaciones agradables y reconfortantes. Esto sólo lo pueden propiciar aquellas experiencias enriquecedoras y gratificantes, generando bienestar biopsicosocial, espiritual y, muy especialmente, implicaciones psiconeuroinmunoendocrinológicas (tema muy interesante del cual les hablaré posteriormente), que se desencadenan en el organismo.
Así que ¡Atrévete a alcanzar el cielo!



